Aunque en Úbeda y Baeza se usa el castellano o español existen ciertas particularidades, sobre todo, a la hora de hablarlo. Además, hay que tener en cuenta que en estas dos ciudades se habla un dialecto, el andaluz, el cual destaca por no pronunciar las 'eses' finales y por no vocalizar lo suficiente, entre otros aspectos.

En Úbeda

El habla de los ubetenses se asemeja al de Castilla La Mancha, sin embargo, tiene diferencias fonéticas, ya que las vocales se suelen pronunciar muy cerradas y la 'j' se marca mucho llegando casi a ser aspirada. Además, hay expresiones o palabras típicas que sólo se utilizan en la zona, éstas están recogidas en el libro Ubedí Básico. A continuación, te dejamos algunos ejemplos con su respectivas traducciones:

– Inchi: mira.

– Armuá: almohada.

– Bocaná: Individuo incapaz de guardar un secreto. Persona poco discreta.

– Malafollá: dícese de la persona que tiene poca gracia.

– Tabardillo: indisposición por disgusto o berrinche.

– Zangalitrón: jovenzuelo.

En Baeza

El habla de los baezanos se parece al de los pueblos de Córdoba, ya que se produce el seseo, es decir, la 'c' (ante -e, -i) y la 'z' se pronuncia como 'ese'. 

El refranero popular

No te olvides de que España es muy dada a los refranes o dichos populares, por ello, ambas localidades tienen los suyos propios. Algunos de ellos, se utilizan también en el resto de España.

– Irse por los cerros de Úbeda: se produce cuando alguien divaga o cambia de tema cuando está hablando, ya que no le interesa seguir con esa conversación. Esta expresión es originaria de un hecho histórico. Resulta que el siglo XII, durante la Reconquista española, cuando las tropas del rey Fernando III estaban a punto de entrar en Úbeda, uno de los capitanes del ejército desapareció antes de que empezase la lucha y apareció justo después cuando se tomó la ciudad. Cuando le preguntaron que dónde se había metido durante toda la batalla él alegó que se había perdido por esos cerros

– En Baeza, tanto valen los pies como la cabeza: este refrán ridiculiza a aquéllos que se creen que están por encima de sus propios méritos o limitaciones. Según cuenta la leyenda, un hidalgo de Baeza decidió un día hacerse unos zapatos con el terciopelo de una gorra, y ante la extrañeza de sus vecinos, respondió con arrogancia esta frase.

 

Más información en el apartado de Leyendas.
 

Volver Atrás
Compartir en redes Sociales!